Saw VIII Legacy: una vuelta más de tuerca

Jigsaw (2017) víctimas sentadas en el suelo de la sala, con el casco de acero y encadenados. El juego está a punto de comenzar.

Billy, el muñeco de Jigsaw, antes de enseñar la nota: "Confiesa". Saw 8 (Jigsaw) 2017. Feedcult.com

Tras un largo letargo que muchos consideraron definitivo, la franquicia que redefinió el horror visceral regresa con una octava entrega que apuesta por la sofisticación sobre el exceso.

Hubo un tiempo en que el nombre de Jigsaw era sinónimo de un cierre hermético. Tras Saw VII: 3D, el consenso general —y el de este crítico en su momento— era que la saga había echado el cierre de forma digna, advirtiendo que solo la intromisión de algún «lumbreras» de Hollywood en busca de un remake podría arruinar el legado. Sin embargo, lo que nos ocupa no es un reinicio, sino una regeneración. Bajo el título estadounidense de Jigsaw (y el más tradicional de Saw VIII en nuestras pantallas), la franquicia ha demostrado que todavía queda cuerda en el mecanismo de sus trampas.

Un cambio de guardia
La dirección ha recaído en los hermanos Michael y Peter Spierig, conocidos por la cerebral Predestination. Su llegada aporta una frescura técnica que la saga había perdido en sus entregas quinta, sexta y séptima, periodos donde la narrativa comenzó a flaquear bajo el peso de su propia cronología.

Aunque se echan de menos los juegos de cámara frenéticos y espasmódicos que James Wan y Leigh Whannell convirtieron en marca de la casa, los Spierig compensan esta ausencia con una fotografía impresionante y un uso del sonido que mantiene la tensión en niveles casi insoportables. No son James Wan, pero demuestran un respeto reverencial por el material original, apoyados por el libreto de Josh Stolberg y Peter Goldfinger.

La sutileza del horror
Lo que separa a esta octava entrega de sus predecesoras más mediocres es su ejecución. En lugar de apostar por el «gore» burdo y mal ejecutado que suele plagar el género, Saw VIII recupera una sutileza impecable en sus efectos especiales. Las muertes son horribles, ciertamente, pero están dotadas de una factura técnica sobresaliente que prioriza el suspenso sobre el simple «triperio».

El reparto, encabezado por caras conocidas como Laura Vandervoort y un infalible Tobin Bell, sostiene una trama que, si bien se siente casi instintiva en su estructura, logra lo impensable: un giro de guion en el tramo final que incluso el espectador más veterano encontrará difícil de predecir.

¿El cierre definitivo o un nuevo comienzo?
Existe una dicotomía interesante en la recepción de este film. Por un lado, está la sensación de que la franquicia debería cerrar su ciclo ahora, en todo lo alto, antes de arriesgarse a la mediocridad de una novena entrega innecesaria. Por otro, la eficacia de esta resurrección invita al optimismo; si la fábrica de Jigsaw sigue produciendo piezas de esta calidad, el público estará dispuesto a seguir sufriendo.

Veredicto: Una película que dejará satisfechos a los seguidores más fieles. Con una duración medida y un ritmo que no decae, Saw VIII es la excepción que confirma la regla: a veces, las continuaciones tardías sí pueden ser buenas.

Nota: 8/10


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